11 VESTÍOS DE TODA LA ARMADURA DE DIOS, PARA QUE PODÁIS ESTAR FIRMES CONTRA LAS ASECHANZAS DEL DIABLO. 12 PORQUE NO TENEMOS LUCHA CONTRA SANGRE Y CARNE; SINO CONTRA PRINCIPADOS, CONTRA POTESTADES, CONTRA SEÑORES DEL MUNDO, GOBERNADORES DE ESTAS TINIEBLAS, CONTRA MALICIAS ESPIRITUALES EN LOS AIRES. 13 POR TANTO, TOMAD TODA LA ARMADURA DE DIOS, PARA QUE PODÁIS RESISTIR EN EL DÍA MALO, Y ESTAR FIRMES, HABIENDO ACABADO TODO. Efesios 6:11,13
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9.12.2017
9.07.2017
Idolatria
Jeremías 10 Reina-Valera (RVA)
10 OID la palabra que Jehová ha hablado sobre vosotros, oh
casa de Israel.
2 Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las gentes, ni
de las señales del cielo tengáis temor, aunque las gentes las teman.
3 Porque las ordenanzas de los pueblos son vanidad: porque
leño del monte cortaron, obra de manos de artífice con azuela.
4 Con plata y oro lo engalanan; con clavos y martillo lo
afirman, para que no se salga.
5 Como palma lo igualan, y no hablan; son llevados, porque
no pueden andar. No tengáis temor de ellos; porque ni pueden hacer mal, ni para
hacer bien tienen poder.
6 No hay semejante á tí, oh Jehová; grande tú, y grande tu
nombre en fortaleza.
7 ¿Quién no te temerá, oh Rey de las gentes? porque á tí
compete ello; porque entre todos los sabios de las gentes, y en todos sus
reinos, no hay semejante á ti.
8 Y todos se infatuarán, y entontecerán. Enseñanza de
vanidades es el mismo leño.
9 Traerán plata extendida de Tarsis, y oro de Uphaz; obrará
el artífice, y las manos del fundidor; vestiránlos de cárdeno y de púrpura:
obra de peritos es todo.
10 Mas Jehová Dios es la verdad; él es Dios vivo y Rey
eterno: á su ira tiembla la tierra, y las gentes no pueden sufrir su saña.
11 Les diréis así: Los dioses que no hicieron los cielos ni
la tierra, perezcan de la tierra y de debajo de estos cielos.
12 El que hizo la tierra con su potencia, el que puso en
orden el mundo con su saber, y extendió los cielos con su prudencia;
13 A su voz se da muchedumbre de aguas en el cielo, y hace
subir las nubes de lo postrero de la tierra; hace los relámpagos con la lluvia,
y saca el viento de sus depósitos.
14 Todo hombre se embrutece y le falta ciencia; avergüéncese
de su vaciadizo todo fundidor: porque mentira es su obra de fundición, y no hay
espíritu en ellos;
15 Vanidad son, obra de escarnios: en el tiempo de su
visitación perecerán.
7.29.2017
Que sería de mí...
Salmos 124 –B. Reina-Valera
1 A no haber estado Jehová por
nosotros,
Diga ahora Israel;
2 A no haber estado Jehová por
nosotros,
Cuando se levantaron contra
nosotros los hombres,
3 Vivos nos habrían tragado
entonces,
Cuando se encendió su furor
contra nosotros.
4 Entonces nos habrían inundado
las aguas;
Sobre nuestra alma hubiera pasado
el torrente;
5 Hubieran entonces pasado sobre nuestra
alma las aguas impetuosas.
6 Bendito sea Jehová,
Que no nos dio por presa a los
dientes de ellos.
7 Nuestra alma escapó cual ave
del lazo de los cazadores;
Se rompió el lazo, y escapamos
nosotros.
8 Nuestro socorro está en el
nombre de Jehová,
Que hizo el cielo y la tierra.7.24.2017
UN TRABAJO DE TODA LA VIDA
Cuando el Señor es nuestro maestro, siempre hay algo nuevo y asombroso por descubrir.
el fotógrafo Ansel Adams dijo en una oportunidad: “Algunas veces voy a lugares justo cuando Dios está listo para que alguien haga clic en el disparador de la cámara”. He experimentado momentos como este en mis viajes, pero son regalos especiales del Señor. Con mayor frecuencia sucede lo contrario. Se necesita tiempo para tomar una buena fotografía. La persona que la toma debe estar en el lugar correcto, y esperar hasta que la luz sea perfecta. El resultado final puede parecer fácil, pero lograr esa foto exige habilidades adquiridas a lo largo de toda una vida. He estado captando imágenes durante décadas, y todavía estoy aprendiendo cosas nuevas cada vez que estoy detrás del lente.
La Biblia nos enseña al igual que la fotografía, que la vida cristiana no es algo que se llega a dominar totalmente.
Nacer de nuevo no es la meta final de nuestra fe; es donde comienza una relación con el Señor. Desde el momento que recibimos a Cristo como nuestro Salvador, comenzamos a crecer y a desarrollarnos, y este proceso permanente es una de las mayores bendiciones de ser un hijo de Dios. Él nos ama demasiado como para dejarnos donde estamos, y cada día nos ofrece la oportunidad de aprender algo nuevo acerca del Señor y de vivir más cerca del centro de su voluntad. Algunas lecciones son fáciles de aprender, mientras que otras requieren algo de dolor y de sacrificio para entenderlas. Sin embargo, todas ellas son necesarias si queremos ser más como Cristo, “el autor y consumador de la fe” (He 12.2).
“¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!”, escribe el apóstol Pablo. “¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (Ro 11.33). En vez de sentirnos desanimados por esto, recordemos que este es un motivo de regocijo porque —cuando el Señor es nuestro maestro— siempre hay algo nuevo y asombroso por descubrir.
7.22.2017
El nombre de nuestro Señor Jesucristo sea exaltado en todo el Perú
Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es
invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos
caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré
su tierra. 2 Crónicas 7:14
7.19.2017
Amaos los unos a los otros
Honra a los verdaderos hermanos en Jesucristo Rey.
Romanos 12:10
Si usted está consagrado al amor fraternal, es obvio que
usted les dará preferencia a los demás creyentes. Eso quiere decir que usted
tendrá una genuina humildad y no tendrá "más alto concepto de sí que el
que debe tener" (Ro. 12:3; vea también Fil. 2:3). También significa que
usted dará honra a sus hermanos en Cristo y tomará la iniciativa de ponerlos en
primer lugar.
No halagará a otro creyente simplemente con la esperanza de
que lo halague a usted también o para congraciarse con él. Más bien le
expresará sincero aprecio, respeto y amor como un hermano en la fe y miembro de
la familia de Dios.
Gracia a vosotros
6.05.2017
Las bendiciones de la incompetencia
Pablo nunca afirmó que era capaz de
lograr todo lo que Dios lo llamó a hacer. Simplemente aprendió a mirar más allá
de su propia incompetencia, a la competencia de Cristo. Si adoptamos la misma
práctica, podremos descubrir las bendiciones ocultas en nuestras experiencias
de incompetencia.
Nuestra insuficiencia nos lleva a
Dios. Cuando
nos damos cuenta de que una situación es más grande de lo que podemos manejar,
nos apresuramos a abrir la Biblia y orar en busca de orientación y poder.
La incompetencia nos libera de la
carga de tener que luchar con nuestras propias fuerzas. El Señor nos tiene justo donde
nos quiere, sin nada que podamos ofrecer.
La incompetencia lleva a la
dependencia del poder divino. Nunca seremos competentes hasta que recurramos
al poder del Espíritu Santo. Él hace en nosotros y a través nuestro lo que Dios
nunca quiso que hiciéramos con nuestras propias fuerzas.
Al utilizar personas poco capaces,
Dios demuestra cuán grandes cosas puede hacer. El Señor se deleita escogiendo
a personas que no prometen nada, para realizar sus propósitos. No hay límite a
lo que Él puede hacer por medio de alguien dispuesto a darle el control total.
El sentimiento de incompetencia
desafía nuestra fe. Pablo
dice: “Nuestra competencia proviene de Dios” (2 Co 3.5). Quienes se
enfocan en la fiabilidad de esta promesa y dan un paso de obediencia, crecerán
en la fe.
¿Por qué sufrir el temor, la presión
y la frustración que acompañan los sentimientos de insuficiencia, cuando hay
una alternativa? Deje que el Señor le haga competente: confíe en Él, y
permítale vivir en y a través de usted.
Dr. Charles Stanley
5.30.2017
5.25.2017
5.23.2017
5.10.2017
5.05.2017
4.29.2017
4.24.2017
4.23.2017
Dios es nuestro amparo
1 1 Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro
pronto auxilio en las tribulaciones.
2 Por tanto
no temeremos aunque la tierra sea removida; aunque se traspasen los montes al corazón
de la mar.4.14.2017
Lecciones del Getsemaní
Cuando el sufrimiento parezca insoportable, ¿quién mejor que
el Varón de Dolores al que acudir?
La manera como queremos que sea la vida, y lo que realmente
es, son dos cosas muy diferentes. Hay algo dentro de nosotros que anhela que
todo funcione sin problemas y de manera cómoda. Podemos tener momentos o
incluso períodos así, pero al final enfrentaremos situaciones que nos causarán
dolor, desesperación y dificultades. El sufrimiento en la vida es inevitable,
pero nuestra respuesta al mismo es una opción.
¿Dónde acudir en momentos como estos? Hay muchas opciones,
pero he descubierto que lo único confiable es la Palabra de Dios. La Biblia —el
manual de Dios para la vida— nos enseña cómo responder a cada circunstancia. Es
el único recurso verdaderamente suficiente para cualquier necesidad que
enfrentemos. De todos los personajes de la Biblia, solo hay uno que nunca pecó:
Jesús; Él actuó siempre de acuerdo con la voluntad del Padre, aun cuando el
resultado implicaba un gran sufrimiento. Al examinar cómo manejó el sufrimiento
nuestro Salvador, comprenderemos mejor de qué manera debemos reaccionar antes
momentos similares.
La razón del sufrimiento
Una de las primeras lecciones que aprendemos del trayecto de
Jesús a la cruz tiene que ver con la razón del dolor y la aflicción. A lo largo
de los siglos, la gente ha luchado con esta cuestión, pero el sufrimiento de
Cristo nos enseña por qué la aflicción es una realidad permanente en el mundo.
Debemos recordar que todos sufrimos por causa del pecado. La
transgresión se originó en el huerto del Edén cuando Adán y Eva desobedecieron
a Dios. A partir de ese punto en adelante, la Tierra ha estado bajo maldición,
y todos los seres humanos hemos nacido con una naturaleza de pecado. Es por eso
que tenemos enfermedades, muerte, desastres naturales, accidentes, violencia y
dificultades de toda clase. La intensidad del sufrimiento de Cristo en la cruz
demuestra la gravedad y el alcance de lo que está mal en el mundo y en las
personas. Tenemos la tendencia a pensar solo en el dolor insoportable de su
crucifixión, pero la mayor agonía de Jesús no fue física. Cuando fue colgado en
la cruz, el pecado de toda la humanidad fue puesto sobre Él para sufrir la ira
de Dios (1 P 2.24). No podemos siquiera imaginar tal sufrimiento. El pecado
puesto sobre Cristo fue tan grande que el Padre le dio la espalda —por primera
y única vez, Dios Padre y Dios Hijo estuvieron separados (Mt 27.46). Realmente,
nadie ha sufrido más de lo que Jesús sufrió. Pero eso era lo que se requería
para reconciliar a la humanidad caída con el Señor.
Los beneficios del sufrimiento
Aunque a nadie le gusta el sufrimiento, Dios lo usa para
enseñarnos. Hay algunas lecciones que no podemos aprender de ninguna otra
manera —cosas acerca del Señor, de nosotros mismos y de otras personas. Las
aflicciones son también purificadoras. Hacen que nos examinemos a nosotros
mismos para ver las actitudes, los pensamientos o los pecados que Dios quiere
quitar de nosotros, de modo que podamos ser utilizados totalmente por Él. La
aflicción y las dificultades son también muy motivadoras. A veces, es la única
manera que tiene el Señor de hacernos más obedientes. Como un padre que nos
ama, Él sabe que la disciplina y la corrección son necesarias para nuestro crecimiento
espiritual. El sufrimiento también quita las distracciones que nos impiden
cultivar una relación más profunda con el Señor. Cuando todas estas cosas son
quitadas, venimos al Padre con las manos vacías y descubrimos una intimidad con
Él que nunca habríamos conocido sin el dolor.
Las respuestas al sufrimiento
Mientras estemos en este mundo, enfrentaremos dolores y
dificultades. Al igual que Jesús, tendremos noches oscuras en nuestro propio
Getsemaní, pero Cristo nos dio el ejemplo de cómo reaccionar cuando la voluntad
de Dios incluya más dolor del que pensábamos que éramos capaces de soportar (Mt
26.36-46).
En tiempos de sufrimiento, podemos luchar en oración. Cuando
el terror de lo que le esperaba cayó sobre Jesús esa noche, inmediatamente
recurrió a su Padre. Su agonía no fue causada por renuencia a cumplir con el
propósito de Dios —morir en la cruz fue la razón por la que había venido al
mundo. Lo que aterraba a Jesús era la separación de su Padre. Es por eso que
oró diciendo: “Si es posible, pase de mí esta copa” (Mt 26.39).
A diferencia de las luchas que enfrentó Cristo, las nuestras
a menudo implican una renuencia a obedecer la voluntad de Dios, o la
incertidumbre en cuanto a lo que Él está haciendo. Cuando el dolor es tan
intenso, lo único que queremos es sentir alivio. Pero, aunque seguimos pidiendo
quedar libres de nuestro sufrimiento, Dios se mantiene silencioso y nada
cambia. Aunque parezca como si a Él no le importara, el Señor está demostrando
su amor al utilizar nuestro sufrimiento para enseñarnos, purificar nuestro
corazón, motivar la obediencia y profundizar nuestra relación con Él. Él
responderá nuestras oraciones, pero solo en su tiempo y a su manera. Mientras
tanto, nos confortará y nos fortalecerá, como hizo con Jesús en el huerto de
Getsemaní.
Aunque parezca como si a Él no le importara, el Señor está
demostrando su amor al utilizar nuestro sufrimiento para profundizar nuestra
relación con Él.
La lucha terminará solo cuando nos sometamos al Señor. Jesús
fue a su Padre tres veces, preguntando si habría otra manera de lograr la
redención de la humanidad; sin embargo, cada vez terminaba su petición con
estas palabras: “Pero no sea como yo quiero, sino como tú” (Mt 26.39). Por
tercera vez, supo que esta era la única manera. Fue entonces cuando su lucha
terminó, y su determinación por llevar a cabo la voluntad del Padre se hizo más
fuerte: “Porque Jehová el Señor me ayudará, por tanto no me avergoncé; por eso
puse mi rostro como un pedernal, y sé que no seré avergonzado” (Is 50.7).
No puedo recordar cuántas veces me he levantado de la cama
en medio de la noche, caído de rodillas, y clamado a Dios. Pero sé
efectivamente cuando termina la lucha —cuando digo finalmente: “Señor, me
rindo. Que se cumpla tu deseo, no el mío”. Mis circunstancias no han cambiado,
el dolor sigue allí, pero mi sometimiento al Señor me ha dado las fuerzas y
la confianza para soportar cualquier circunstancia que Él haya permitido.
No podemos escapar de la aflicción y de la adversidad, pero
sí podemos elegir la manera en que reaccionaremos ante ellas. Si nos indignamos
o nos resentimos, si culpamos a otros, si tratamos de manipular nuestra manera
de salir de la situación, o si resistimos a Dios, nuestro sufrimiento habrá
sido en vano. Pero el Señor quiere que confiemos en Él en medio de nuestra
angustia. Cuando nos rendimos a su voluntad, sabiendo que Él la está utilizando
para lograr algo grande en nuestra vida, nos dará la gracia para soportar y ser
más semejantes a Cristo.
(Charles Stanley)
4.13.2017
4.09.2017
Hablad verdad...
Zacarias 8:16,17
16 Estas son las cosas que habéis de hacer: Hablad verdad
cada cual con su prójimo; juzgad en vuestras
puertas verdad y juicio de paz:
17 Y ninguno de vosotros piense mal en su corazón contra su
prójimo, ni améis el juramento falso: porque todas estas son cosas que
aborrezco, dice Jehová.
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